martes, 18 de marzo de 2014

El buscalibros

Hoy se ha publicado en el blog de El buscalibros mi primera reseña como redactor oficial. 

El buscalibros es una página en la que un grupo de personas apasionados por el mundo de la literatura hablan sobre libros de todos los géneros y todos los tiempos. 

Cuando me propusieron colaborar con ellos como redactor, no me lo pensé dos veces, y hoy se ha publicado mi primera entrada, en la que he querido hacer un pequeño homenaje al poeta Leopoldo María Panero, fallecido hace unos días, en su faceta menos conocida: la de traductor.

Si queréis conocer muchos libros, novedades o clásicos, no dejéis de visitar este interesante blog.

Traducciones / Perversiones, de Leopoldo María Panero 
 
Leopoldo María Panero, poeta español fallecido recientemente, fue conocido en vida sobre todo por su obra poética, obra que ni él quería etiquetar, ni resulta posible hacerlo, pues su estilo singular y característico no encaja en ningún grupo ni corriente. Sus poemas fueron, sin embargo, incluidos en la antología de José María Castellet, Nueve novísimos poetas españoles, junto a importantes poetas como Pere Gimferrer, Guillermo Carnero, o Ana María Moix, fallecida también este año, entre otros. No obstante, es asimismo destacable su peculiar trabajo como traductor, que siguió la senda y el estilo marcados por su poesía...
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lunes, 17 de marzo de 2014

El despertador (parte I)

El pasado 15 de marzo tuvo lugar en Quinto de Ebro la entrega de premios del IX concurso literario comarcal Enrique Jardiel Poncela. Yo fui galardonado con el 1º premio de la Categoría Absoluta, con el relato El Despertador, que os iré poniendo en este blog en partes.


El despertador (parte I)

TU DESPERTADOR.
Cuando tu despertador sonaba antes que el mío, sentía cómo me observabas dormir unos minutos, antes de darme un beso suave en la comisura de los labios y levantarte sigilosamente para recorrer la habitación en busca de alguna de mis camisetas (esas que te quedaban enormes y que tanto te gustaba ponerte) sin hacer ningún ruido, como si flotaras en lugar de caminar. Yo siempre me desplazaba un poco en la cama, buscando el calor que acababas de dejar a mi lado, y te miraba por el rabillo del ojo mientras te dirigías hacia la puerta. Luego fingía estar dormido cuando me observabas unos segundos antes de cerrar la puerta de la habitación. 
Permanecía así, en un estado casi onírico, sin querer despertar del todo, sin querer abandonar esa sensación… pero a los pocos minutos empezaba a colarse en el cuarto el olor a café y tostadas, y yo ya no tenía más remedio que levantarme. Me dirigía a la cocina y ahí estabas, untando mantequilla en las tostadas. Siempre dabas un pequeño respingo cuando aparecía por la puerta, con mi pelo revuelto y mi bata azul con el escudo de Superman en la espalda, esa que decías que era idéntica a la que tenía tu hermano pequeño a los siete años. Te daba un beso y echaba los cafés en nuestras tazas, el tuyo solo y sin azúcar, el mío con mucha leche y mucho azúcar.
Habíamos creado esta rutina en muy poco tiempo, pero era una rutina en la que me sentía tan a gusto que la hubiera repetido cada uno de los días que pasara contigo. Pero ahí estaba la vida, como siempre, acechando, esperando para darnos un tremendo bofetón y sacarnos de nuestra comodidad. Como quien te saca de la calidez de la cama una fría mañana de domingo.


THE SMITHS. 
Cinco años de vivencias no son fáciles de meter en cajas; acabo de llenar otra, y todavía quedan decenas de cosas por recoger. Tú me observas desde la cama sin decir nada. Llevas la misma ropa que llevabas la última vez que te vi: un vestido azul, unos leotardos negros y unas botas grises de tacón. Estás preciosa, Lea. 
No dejas de sonreír mientras me observas ir de un lado a otro. Pero no sonríes físicamente, es decir, no tienes un gesto en la boca. Me sonríes con la mirada. Es algo que aprendí de ti al poco tiempo de conocerte. Siempre has sido una chica muy seria, no sonreías al dar los buenos días, ni cuando alguien hacía una broma o contaba un chiste malo, ni cuando te daban una buena noticia. Tus sonrisas eran mucho más caras, eran como un secreto celosamente guardado, y tal vez eso es lo que más me gustó de ti la primera vez que te vi, el misterio que se ocultaba en tus labios.
En mi juventud idílica y romántica yo solía pensar que existían dos tipos de personas en el mundo: aquellas que hacen sonreír y aquellas a las que hay que hacer sonreír. Y que el amor no era más que el encuentro de una persona que necesita sonreír y la persona que sabe cómo conseguirlo. “Una chica seria para hacerla reír” contestaba cuando me preguntaban qué buscaba en mi pareja. Supe enseguida que esa chica eras tú. 

Pensaba que me resultaría más fácil dejar esta casa para siempre, pero cada uno de los objetos que recojo pesa en mis manos, cargado de recuerdos. El CD de The Smiths que me regalaste cuando cumplí veintitrés años, al poco tiempo de conocernos; el libro de Susanna Tamaro que te regalé un día de Reyes y que no te gustó demasiado, los calzoncillos rojos que llevé en nuestra última Nochevieja juntos, el despertador al que curiosamente he cogido tanto cariño, la foto ampliada que colgaba sobre el cabecero de nuestra cama en la que aparecemos riendo, felices y eternos en una calle de París…
¿Recuerdas cuando nos conocimos, Lea? Fue en la terraza de un bar de playa: sonaba There is a light that never goes out (+) y tú eras la única persona seria en un lugar lleno de ingleses, alemanes, italianos y españoles con alguna cerveza de más. Yo no podía dejar de mirarte, desde que te vi sentarte unas mesas más allá. Cuando comenzaste a sentirte molesta, decidí acercarme a ti. “Hola… me llamo Diego. Siento si te he molestado, pero es que te pareces muchísimo a una antigua amiga mía que conocí cuando estuve viviendo en Tours como Erasmus”. Obviamente no eras ella, pero empezaste a interesarte por mí porque tú también habías estudiado en Francia, en Lyon exactamente. Hablamos durante un rato de cosas vanas que todavía recuerdo, y me fui de allí con dos cosas: tu teléfono y un “me alegro de que me hayas confundido con tu amiga”. 
Hace unas semanas, en una cena con unos amigos, te enteraste de que eso fue una pequeña mentira, de que no te parecías a ninguna amiga mía, de que no paraba de mirarte porque estabas realmente preciosa y porque esa camiseta que llevabas tenía un bonito escote. De que si te hubieras ido de allí sin que yo me hubiera atrevido a hablarte, te habría seguido para saber dónde te alojabas y esperarte cada día en la puerta hasta poder decirte algo que te convenciera de quedarte conmigo el resto de tu vida; pero entonces tal vez te hubieras asustado un poco… y con razón. Sólo te mentí para hacerlo todo más fácil, y parecer menos obsesivo.

Sigues sin hablar mientras yo cierro cajas de recuerdos, cajas de discos, cajas de libros, maletas de ropa, cajas de fotos… Y cada caja pesa un poco más. No me importa que no me hables, no me importa que no me ayudes… mientras sigas sonriéndome con la mirada. Eso no quiero perderlo nunca.
Una fría debilidad me invade. Se me hace tan difícil hacer todo esto con tu figura observándome desde la cama. Estás tan cerca y te siento tan lejos…Me siento a tu lado. 
 En la radio suena Asleep (+), y yo sólo puedo ver oscuridad.

Continuará...


Licencia Creative Commons
El despertador por Carlos Carranza se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

viernes, 28 de febrero de 2014

Presentación de "Foto movida", de Miguel Mena.

Miguel Mena e Ignacio Martínez de Pisón,
presentando el libro Foto movida.
Ayer jueves, 27 de febrero, Miguel Mena presentó en el Teatro Principal de Zaragoza, junto a Ignacio Martínez de Pisón y frente a numerosos amigos, familiares y seguidores de su obra, su última novela, Foto movida. Esta novela recupera al protagonista de sus dos novelas ambientadas en los 80, Días sin tregua y Todas las miradas del mundo, el inspector Luis Mainar, situando la acción en Madrid en el año 1983. El inspector Mainar tendrá que investigar la muerte, aparentemente por sobredosis, de una joven en un local de moda, la sala Rock-Ola.

El acto de presentación lo comenzó Ignacio Martínez de Pisón, que aseguró ser el que había aconsejado a Miguel Mena convertir al inspector Mainar en protagonista de una serie. Empezó hablando de la época en que estaba ambientada la novela, la de la Movida Madrileña, una época en la que los jóvenes españoles creían estar en el centro del mundo; afirmación exagera para Pisón, "no estábamos en el centro de algo, pero al menos estábamos en algo". 

También habló sobre el gran consumo de droga de aquella época, y la apología que de ello hacían artistas tan influyentes como Lou Reed o Keith Richards; y contó una anécdota en la que le habían ofrecido saludar a Lou Reed, pero se negó, a pesar de ser admirador de su música, debido al hombre en que se había convertido en sus últimos años, asocial y vegetariano que despreciaba al resto de seres humanos, después de una vida de consumo y apología de la droga.

Al final, repitió un chiste que hacía Miguel Mena sobre su serie de libros, pues si el primero, Días sin tregua, se situaba en 1981; el segundo, Todas las miradas del mundo, en 1982; y este tercero, en 1983, ¿podremos esperar un próximo libro situado en 1984? "Ese ya lo escribió Orwell", es la respuesta de Mena.

Miguel Mena homenajeó a Félix Romeo y José Antonio
Labordeta, acompañados del premio Goya de Gaizka Urresti.
A continuación tomó la palabra el autor del libro, que, tratando de hacer un homenaje a su amigo Martínez de Pisón, y aprovechando que el acto se realizaba en el Teatro Principal, hizo una pequeña representación teatral junto a José Luis Melero, en la que interpretaban a Mena y a Pisón de niños, simulando que se hubieran conocido de pequeños, pues ambos coincidieron en aquellos años en Logroño, mientras comían piruletas y jugaban con cochecitos, haciendo continuas referencias a títulos de obras de Pisón.

Finalmente, el autor narró un viaje a Fuendetodos que hizo con Pisón y otros amigos, que también nos acompañaron simbólicamente en la presentación, pues, como dijo Mena: "Fuimos a ver a Goya", y sacó de una mochila el Goya 2014 a Mejor Cortometraje de Ficción que le había prestado para la ocasión su amigo Gaizka Urresti, entre el público. "Y nos acompañó el abuelo...", y sacó un retrato de José Antonio Labordeta, "... y Félix Romeo", y sacó otro retrato de este querido escritor aragonés, fallecido en 2011. 

Ante este homenaje, el público respondió con un largo y sonoro aplauso, finalizando así la presentación con la firma de ejemplares de la novela a todos los asistentes.
Miguel Mena firmó ejemplares a todos sus admiradores.

miércoles, 26 de febrero de 2014

¿Qué sería de la vida sin dragones?



¿Qué sería de la vida sin dragones? 
Sin miedos, sin dudas, sin preocupaciones, sin retos. Sin monstruos debajo de la cama cuando eres un niño, sin ir al colegio con los deberes sin hacer, sin la noche antes del primer día de instituto, sin la noche antes del primer día de universidad, o sin la primera noche a mil kilómetros de tu casa. Sin el examen que no te has preparado lo suficiente, sin el profesor cabronazo que se empeña en suspenderte. Sin una primera vez. Sin esa oscuridad llena de temores, incertidumbres y sueños que es el futuro. 
¿Qué sería de la vida sin dragones? 
Sin duendes, sin gamusinos, sin orcos, sin un trol en los baños de chicas. Sin Peter Pan. Sin soñar qué quieres ser de mayor a los cinco años. Sin soñar qué quieres ser de mayor a los diecisiete. Sin soñar qué quieres ser de mayor a los veinticinco. Sin pensar alguna vez que el amor existe de verdad. Sin querer que algo sea infinito, o desear que llegue mañana.


martes, 4 de febrero de 2014

El Canto del Cuco, de Robert Galbraith.

En abril del año 2013, un desconocido escritor, Robert Galbraith, publicaba su primera novela policíaca, El Canto del Cuco, con unas discretas ventas, pero con varias críticas favorables. Unos meses después, en julio de ese mismo año, se descubría la identidad de ese misterioso escritor: se trataba en realidad de J. K. Rowling, la autora de la saga juvenil más exitosa de todos los tiempos, Harry Potter, y de una sola novela para adultos, Una vacante imprevista. Las ventas se dispararon, y las críticas siguieron apoyándola.

El Canto del Cuco es una novela policíaca clásica. Comienza con el suicidio de una famosa modelo, Lula Landry, que se ha tirado desde el balcón de su casa en una zona lujosa de Londres. Pero el hermano de esta, John Bristow, sospecha que no ha sido un suicidio, sino un asesinato. Para llevar a cabo la investigación, requerirá los servicios de Cormoran Strike, un detective privado, veterano de guerra con secuelas, cuya vida ha tocado fondo, pues el trabajo va de mal en peor y acaba de terminar su relación con su novia; y su ingenua ayudante, Robin, su nueva secretaria que encontrará en ese trabajo las emociones que no tiene en su vida privada. De esta forma, Strike, que al principio duda que realmente haya sido un asesinato, irá conociendo a todas las personas del entorno de Lula Landry, y se paseará desde los barrios más bajos, hasta los despachos o casas de importantes celebridades del mundo del cine y de la moda de Londres.

La novela transcurre poco a poco, aunque engancha desde el principio, a través de la reconstrucción de los últimos días de vida de Lula Landry. A través de amigos y testigos vamos conociendo poco a poco a esa supermodelo, y vamos adentrándonos en un crimen más oscuro de lo que parece, sospechando de varios de los personajes que la rodearon en sus últimos días.

Mientras tanto, Srike malvive en su despacho, durmiendo en una cama plegable tras su ruptura con su novia, y Robin se irá involucrando cada vez más en la investigación, admirando al detective privado por su iniciativa, y creando las dudas de su prometido, que no se fía del todo de su nuevo jefe.

En definitiva, Galbraith/Rowling crea una buena novela policíaca siguiendo los esquemas de las obras más tradicionales del género, construyendo unos personajes reales y muy interesantes (entre los que destaca, a mi parecer, Lula Landry, a pesar de ya estar muerta), y manteniendo la tensión del lector hasta el final.

Rowling ya ha confirmado que la pareja de detectives, Strike y Robin, tendrán una secuela con un nuevo caso, y que esta novela vería la luz a lo largo de este año 2014.

La agitación en la calle era como el zumbido de las moscas. Los fotógrafos se apiñaban tras las vallas vigiladas por la policía, con sus grandes cámaras preparadas y el aliento elevándose como el vapor. La nieve caía ininterrumpidamente sobre gorros y hombros; los dedos enguantados limpiaban las lentes. De vez en cuando, se oían arranques de esporádicos chasquidos: los observadores ocupaban el tiempo de espera sacando fotos a la carpa de lona blanca que estaba en medio de la calle, a la entrada del alto edificio de apartamentos de ladrillo rojo que había detrás y al balcón del piso superior desde donde había caído el cuerpo... 

El Canto del Cuco, Robert Galbraith.

Título: El Canto del Cuco (The Cuckoo's Calling)
Autor: Robert Galbraith
Editorial: Espasa Libros