La Saeta¿Quién me presta unaescalera,
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?
Saeta Popular
¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía
que echa flores
al jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!
Antonio Machado
lunes, 6 de abril de 2009
¡Oh, no eres tú mi cantar!
sábado, 4 de abril de 2009
Más cine
Voy a comentaros las últimas películas que he visto.
La primera es Mentiras y gordas. Realmente, como película, no vale nada. Muchos personajes, muy poco o nada profundizados, que protagonizan historias de amor/sexo muy típicas y poco desarrolladas, todas ellas con un marco de tres días de fiesta en una discoteca. Si además tenemos actores que hacen fatal lo poco que se les exige (Ana de Armas y Maxi Iglesias lo único que hacen bien es enseñar las tetas y el culo, respectivamente, por que lo que son cualidades interpretativas...), y encima nos dejamos todas esas historias colgadas al final de la película, sin un final coherente con la propia historia, pues tenemos una chufa.
Y para rellenar, escenas de sexo que no son ni eróticas ni pornográficas, muchas drogas y muchos chistes que en ocasiones no hacen ni gracia, por ejemplo, lo de decirle a una chica gorda que es ancha de huesos ya está un poco visto; en cuanto a utilizar los síntomas de un drogadicto como método para provocar la risa me parece patético.
Pero quiero rescatar algo de toda esta mierda. Y es Ana Polvorosa (de Aída). Tanto la historia de su personaje de una lesbiana como su interpretación, me parecen lo único destacable de toda la película.
La primera es Mentiras y gordas. Realmente, como película, no vale nada. Muchos personajes, muy poco o nada profundizados, que protagonizan historias de amor/sexo muy típicas y poco desarrolladas, todas ellas con un marco de tres días de fiesta en una discoteca. Si además tenemos actores que hacen fatal lo poco que se les exige (Ana de Armas y Maxi Iglesias lo único que hacen bien es enseñar las tetas y el culo, respectivamente, por que lo que son cualidades interpretativas...), y encima nos dejamos todas esas historias colgadas al final de la película, sin un final coherente con la propia historia, pues tenemos una chufa.
Y para rellenar, escenas de sexo que no son ni eróticas ni pornográficas, muchas drogas y muchos chistes que en ocasiones no hacen ni gracia, por ejemplo, lo de decirle a una chica gorda que es ancha de huesos ya está un poco visto; en cuanto a utilizar los síntomas de un drogadicto como método para provocar la risa me parece patético.
Pero quiero rescatar algo de toda esta mierda. Y es Ana Polvorosa (de Aída). Tanto la historia de su personaje de una lesbiana como su interpretación, me parecen lo único destacable de toda la película.
- Estás empapada.
- Es que está lloviendo.
Y la otra película de la que os quiero hablar es Gran Torino, de Clint Eastwood.

De esta no tengo absolutamente ninguna pega que poner. Con ese gran personaje protagonista de Walt Kowalski (Clint Eastwood), un antiguo combatiente en la guerra de Corea, con un genio muy peculiar, xenófobo y amargado, anclado en los principios de la vieja escuela. Su familia sólo lo quiere por su magnífico Ford Gran Torino. Vive solo en un típico barrio americano rodeado de inmigrantes a los que detesta. Finalmente descubrirá que tiene más en común con esos amarillos (como él los llama) que con sus propios hijos. Me gustaría destacar la sobervia interpretación de Clint Eastwood y ese final sencillamente magistral con el que Harry el Sucio se despide de su carrera como actor.
Me encantó y la disfruté como un enano. No tengo nada más que decir. No os la perdáis y ya está.
Me encantó y la disfruté como un enano. No tengo nada más que decir. No os la perdáis y ya está.
sábado, 28 de marzo de 2009
Los Peces en Fnac Zaragoza
Sobre la actuación de esta tarde en la Fnac de Los Peces, cuento en el cultural...
Después de un ratillo haciendo cola (el colega y yo), viendo cómo gente y gente seguía viniendo y ocupando la Fnac, al fin entramos en el Fórum, y esta vez conseguimos una primera fila, para disfrutar de Los Peces de la forma más íntima y acogedora que la sala puede proporcionar.
Presentan su último disco, Ocho brazos para abrazarte. Por primera vez tras la publicación del disco, Clara Téllez y Santiago Comet, integrantes de Los Peces, interpretan sus doce nuevas canciones en Zaragoza, la tierra que les vio nacer, entre familiares, conocidos, amigos y fans. El ambiente no puede ser más acogedor.
Después de un ratillo haciendo cola (el colega y yo), viendo cómo gente y gente seguía viniendo y ocupando la Fnac, al fin entramos en el Fórum, y esta vez conseguimos una primera fila, para disfrutar de Los Peces de la forma más íntima y acogedora que la sala puede proporcionar.
Presentan su último disco, Ocho brazos para abrazarte. Por primera vez tras la publicación del disco, Clara Téllez y Santiago Comet, integrantes de Los Peces, interpretan sus doce nuevas canciones en Zaragoza, la tierra que les vio nacer, entre familiares, conocidos, amigos y fans. El ambiente no puede ser más acogedor.
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Santi al teclado y Clara a la voz, comienzan a interpretar sus canciones al más puro estilo pop, con sus melodías pegadizas, sus letras sencillas pero cuidadas, que hablan sobre el amor, sobre gente, sobre recuerdos, sobre lugares...
Comienzan con Rosana, de su último disco, y continúan con canciones como la que da nombre al disco, Ocho brazos para abrazarte, Muñeca tatuada, Para que te acuerdes de mí, Déjame vivir, que dedican a todas las mujeres (Déjame en paz, ni se te ocurra decir te quiero, que ya me morí por tus huesos y ahora... merezco vivir.) o Las playas del sur...
Duermen en un cajón
vinilos, acuarelas, gusanos de seda,
restos de un corazón
perdido en los pasillos de cualquier escuela.
Te espero en el portal,
haremos mil carreras camino a las playas del sur
donde vimos brillar
la luz que no se apagará nunca.
También recuerdan algunas canciones de su primer disco, como Nuestro final feliz o su primer éxito, Merodeando, con la que, pidiendo la colaboración del público, dan por concluida la actuación y se despiden hasta su próximo concierto en la ciudad, en Mayo.

jueves, 26 de marzo de 2009
De cosas imposibles.
Vale, sí, hay muchas cosas imposibles en el mundo. En plan generalizado y tópico, un mundo sin guerra, sin que nadie mate a nadie, es imposible, porque, como decían el otro día en El tigre y la nieve, el mundo empezó sin el hombre y sin el hombre acabará.
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Pero hay otras cosas imposibles que, realmente, no lo son para nada. Esas cosas insiginificantes del día a día de cada uno...
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Por ejemplo, que catorce personas cenen en un comedor que normalmente con cinco personas ya está abarrotado parece imposible, y casi lo es. Pero después de ponerlo en práctica no lo es para nada. Yo creo que hubiéramos metido a otro más...
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También puede parecer imposible leerse un libro de casi quinientas páginas en tres días y hacer un trabajo. Pero no, es posible, si no comes, duermes poco, racionalizas el trabajo... vale nos pasamos cinco minutos de la hora de entrega del trabajo, pero puedo decir que es posible, lo que no quiere decir que sea recomendable.
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Pero es que, claro, también parecía lo más imposible del mundo que Frodo Bolsón, un insignificante y simple hobbit, destruyese el Anillo Único y acabase con el señor oscuro Sauron... y aquí estábamos ayer, a 25 de marzo, conmemorando el día de Tolkien, porque día como ése tuvo lugar la caída de Kazad-Dûm.
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Y también parecía imposible que una dragona pudiera procrear con un asno en Shrek (más que nada por el hecho de que uno es mamífero y el otro ovíparo). Pero ahí tenemos una camada de dragasnos (o asdragons según otras opiniones)
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Otra cosa aparentemente imposible es sacarme hoy de casa...
...bueno, eso puedo asegurar que sí va a ser imposible. Yo había decidido que hoy, día de San Braulio, patrón de los universitarios, sería día-pijama para mí, que ya lo necesitaba, y aquí estoy... pijama, mantica, cama y libro... nada más.
domingo, 22 de marzo de 2009
El tigre y la nieve
Domingo por la tarde...
En la tele echan El tigre y la nieve...
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- Cuando yo era pequeñito, tendría unos años menos que vosotras, quizás 9 años, vivía con mi abuela porque mi mamá me había dejado con ella y el tío porque ellos tenían una casa cerca del bosque... Y ¿sabéis que me ocurrió en una ocasión?. Un pajarito empezó a volar y cantar descendiendo más y más, volaba y descendía... hasta que se puso aquí, ¡sobre mi hombro! Sí, en serio, me había elegido a mí entre todo el mundo. Yo tenía miedo a que se fuera, y por eso hice ver que era un árbol, me quedé quieto. El corazón me latía en el pecho, parecía que se iba a salir.
- Y ¿qué pasó?
- Pues que se fue volando, pero aquello tenía que contarlo. Y cuando vino mi mamá le dije: "¡¡Mamá!! ¡¡Un pajarito!! ¡¡Estaba volando y cantaba!! ¡¡En mi hombro, en el mío!! ¡¡Se paró durante más de una hora!! ¡¡Un pajarito!!" Ella me dijo: "Ah... creía que era algo más importante", y siguió hablando con mi tío.
- ¿Acaso era tan mala que no le gustaban los pajaritos?
- No, no es que fuera mala, además le gustaban los pajaritos... No era ella, era yo, era yo el que no le había explicado bien lo que había sentido. O sea, que no le había transmitido bien la emoción que yo había tenido. Me quedé tan mal que me dije ¿Habrá quizá alguien en el mundo que de profesión encuentre las palabras justas? ¿Que las sepa unir de manera que cuando a él le late el corazón logre hacérselo latir a los demás? Ese día, decidí ser poeta.
- Y ¿qué pasó?
- Pues que se fue volando, pero aquello tenía que contarlo. Y cuando vino mi mamá le dije: "¡¡Mamá!! ¡¡Un pajarito!! ¡¡Estaba volando y cantaba!! ¡¡En mi hombro, en el mío!! ¡¡Se paró durante más de una hora!! ¡¡Un pajarito!!" Ella me dijo: "Ah... creía que era algo más importante", y siguió hablando con mi tío.
- ¿Acaso era tan mala que no le gustaban los pajaritos?
- No, no es que fuera mala, además le gustaban los pajaritos... No era ella, era yo, era yo el que no le había explicado bien lo que había sentido. O sea, que no le había transmitido bien la emoción que yo había tenido. Me quedé tan mal que me dije ¿Habrá quizá alguien en el mundo que de profesión encuentre las palabras justas? ¿Que las sepa unir de manera que cuando a él le late el corazón logre hacérselo latir a los demás? Ese día, decidí ser poeta.
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El tigre y la nieve,
Roberto Benigni
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