domingo, 30 de noviembre de 2008

Me basta así

Me disponía yo a aburrirme mucho haciendo el trabajillo voluntario para una de las asignaturas más detestadas de mi carrera, preparado ya para toparme con un texto incomprensible, del que difícilmente podría hacer un comentario con lo poco que he aprendido en clase; y me topo con un poema que me gusta. Que leo y releo. Que cada vez que vuelvo a leer me gusta más.

Al final no he hecho el comentario (tal vez lo haga mañana), pero he descubierto un poema precioso de Ángel González (y espero no desilusinarme al enterarme, como me enteré con otro poema que me gustó de esta misma asignatura, que su autor es un pederasta jeje).

Pues eso, disfrutadlo desde vuestra pasividad como lectores, que yo tendré que tratar de disfrutarlo como tendría que poder hacerlo el alumno que se enfrenta a un trabajo.

ME BASTA ASÍ

Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso—;
entonces,

si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas…
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta).

Sunscreen

lunes, 24 de noviembre de 2008

Derrumbe (o por qué julio tiene los mismos días que agosto)

[...] - ¿Sabe usted por qué agosto tiene los mismos días que julio?- preguntó entonces al militar.
El cabo era un hombre comprensivo. Estaba allí, cumpliendo su trabajo y a la vez escuchándole, prestándole consuelo. No pensaba que Valdivia estuviera loco o que fuera un estúpido por hacerle semejante pregunta.
- No tengo ni idea, amigo -respondió el cabo dándole charla, luchando para que Valdivia no se derrumbara, para que no se desmoronara sobre la hoguera en la que ardían los periódicos y la maleza, para que permaneciera en el taburete de cocina a su lado, nada menos que un hombre junto a otro hombre.
- Verá -dijo Valdivia, y sintió como si estuviera jugando a las adivinanzas con su mujer, se encontró de nuevo en su jardín seco, en su despacho adornado con una fotografía de John Barrymore, un retrato de Johannes Kepler, un caballo rojo de Vassili Kandinski pintado en 1910-. Nada sucede sin causa. Basta preguntarse por ella. Siempre se encuentra una. Para el hombre, incluso para el que creía que el trueno era un dios, buscar la causa de lo que sucede ha sido siempre una pasión. Agosto tiene los mismos días que julio porque Octavio Augusto envidiaba a Julio César. Tan sencillo. Tan complejo. Tan condenadamente humano.
Las parábolas eran agotadoras. Pero dejaban un sabor a victoria en los labios. Así que Valdivia se levantó y echó a andar, abandonando ahí sus palabras, como una imagen mejorada de sí mismo, como si él fuera sólo una sombra y ellas formaran su verdadero ser, sus cimientos. Era su forma de dar las gracias al cabo por los prismáticos y por su paciencia. [...]

Derrumbe,
Ricardo Menéndez Salmón,
Ed. Seix Barral

domingo, 23 de noviembre de 2008

Reflexiones tras una noche de karaoke Disney

Vamos a ver...

Cómo se atreven estos niñatos, productos del Disney Channel...




A versionar este pedazo de clásico de La Sirenita...




Hay clásicos que no deberían tocarse...
y los de Disney son de esos...

[Lo mismo pienso de Ashley Tisdale, Emily Osment... ¡Gisela!. Cómo se atreven.]

viernes, 21 de noviembre de 2008

Presentación de Piedad, de Miguel Mena

"La vida, tomándola como es, sin exageraciones ni engaños, no es tan mala como dicen algunos".

Bécquer




Miguel Mena presentó ayer, en el forum de la Fnac Pza España de Zaragoza, su último libro, Piedad, acompañado por José Luis Melero.

Piedad es un libro de textos muy breves de casos reales que hablan de la muerte, del dolor de la gente, pero también de la esperanza; historias sobre el dolor por la enfermedad de su hijo Daniel, pero también sobre la felicidad.

Martínez de Pisón, contaba el autor, le preguntó a Ismael Grasa que en qué andaba, que qué estaba escribiendo. Pues estoy intentando con algo de poesía, respondía Grasa. Entonces Pisón le preguntó "¿Poesía? ¿Qué pasa? ¿Tienes problemas?"
"Este es el libro en el que más cerca he estado de escribir poesía", sentenció Mena.

El libro también va acompañado de numerosas y curiosas fotografías, tomadas por el autor en sus viajes en bicicleta.

Para terminar, Mena comento cuánto le gustaba el título, porque significaba dos cosas muy distintas según se dividiera la palabra. "Por un lado tenemos "pie dad", que es cuando se pide a unas personas que den su pie a alguien; y por otro "pi edad", que es cuando un niño cumple 3'14 años".