Galerías del alma... ¡El alma niña! Su clara luz risueña; y la pequeña historia, y la alegría de la vida nueva... ¡Ah, volver a nacer, y andar camino, ya recobrada la perdida senda! Y volver a sentir en nuestra mano aquel latido de la mano buena de nuestra madre... Y caminar en sueños por amor de la mano que nos guía.
- xq no actualizas tu blog???
- porque no sé con qué hacerlo!! y no tengo tiempos!!!
- una entrada sobre lo genial q te parece el nuevo cd d vega??
Pues eso. Que el nuevo disco de Vega, Metamorfosis, que salió ayer, me parece genial, sin duda el mejor disco de los tres que ha sacado hasta la fecha. Con canciones más personales, algo más rockeras, un nuevo estilo que me encanta, letras más cuidadas, menos tópicas que en sus anteriores trabajos...
Os dejo con una de las canciones que más me gusta y con la que más identificado me siento en estos momentos.
Nada es infinito.
Ésta es muy especial a nivel personal, fue la que más marcó su cadencia desde el principio, porque me duelen sus notas, porque me ayudó a levantar la cabeza, apasar página. La escribí de un tiró un triste 13 de julio de madrugada donde mi vida parecía desmoronarse como jirones de vapor. Escucharla hoy, me da fuerzas, porque nada es infinito... ni siquiera el dolor por sentir que uno no merece la pena, el dolor de oír cómo te lo dicen, el dolor de la pérdida. A mí me reconforta sentarme al piano y tocar sus notas sin para por horas, repetirme... nada es infinito.
Vega.
No te arrepientas,
sigue de frente,
saca las fuerzas de flaqueza hoy.
Sé que es difícil,
vive el presente,
guarda el recuerdo para otra ocasión.
Dejarás de preguntar qué hiciste mal.
Nada es infinito.
Puedes ver la luz en la oscuridad,
sigues vivo.
Rompe los lazos,
hazte pedazos,
ya llegará quien pegue el corazón.
Olvídalo todo y date el gustazo
de echar a codazos lo que más dolió.
Dejarás de preguntar qué hiciste mal.
Nada es infinito.
Puedes ver la luz en la oscuridad,
sigues vivo.
Puedes intentar reternorlo todo,
pero no tengo más que un simple corazón.
Alguien te dará algo más que yo.
Ayer, en el Paseo de la Independencia de Zaragoza, como viene siendo normal cada 23 de abril, no cabía ni un alfiler. No andabas, te dejabas llevar por la corriente humana. No es que pegara el sol como nunca, es que el dragón de San Jorge estaba por ahí, revoloteando y lanzando llamaradas que provocaban el exagerado calor. No es que la gente empujara por placer, es que San Jorge trataba de abrirse paso a lomos de su caballo, y claro, la gente tenía que apretujarse para dejarle vía libre. No es que todo esto fuera verdad, es que el calor hacía delirar... bueno no, lo del dragón era verdad, que lo vi.
Suerte que la tarde lo relajó todo (el dragón y San Jorge, que estarían resolviendo sus diferencias en algún lugar lejano y ya no molestaban tanto en Independencia). Ya se podía pasear con tranquilidad y ver libros, libros y libros, hojearlos y comprarlos. Y tomarte un cortado con hielo mientras los sigues hojeando. Y, ya de paso, darte una vuelta por la Feria de Artesanía y comprarte magdalenas para hojear libros mientras comes magdalenas.
Y hoy toca la resaca post-Día del Libro. Hoy es día para pasar leyendo, como cada 24 de abril.
Mi madre no era capaz de resolver un problema si no lo convertía previamente en un drama. Del mismo modo que el matemático no comprende la realidad hasta que la atrapa en una ecuación, ella no entendía una dificultad doméstica si no la transformaba en una catástrofe. Los seres humanos somos así de raros; necesitamos elaborar las materias primas -sean patatas o mercurio- para darles un uso final. No entendemos el oro, por ejemplo, hasta que lo transformamos en un colgante. Podríamos disfrutar de él tal como se encuentra en la naturaleza, pero no. Necesitamos extraerlo de la dura tierra, fundirlo, moldearlo y ponerlo a la venta. Entonces decimos: "Fantástico. Qué bello es el oro".
[...] Pongamos que se nos había acabado la bombona de gas un lunes y que el camión de reparto no pasaba hasta el martes. En principio, no era ninguna tragedia, porque a los niños nos encantaba comer de bocadillos. Incluso tenía su lado bueno, porque rompíamos la rutina. Pero ella se mesaba los cabellos e iba de acá para allá profiriendo unos alaridos que nos ponían los pelos de punta. Si mi padre intentaba calmarla, le reprochaba que él no se ocupara de esas cosas y aseguraba que era la esclava de todos nosotros, que la contemplábamos estremecidos.
[...] Yo me iba cabizbajo a la calle intentando convertir lo que había ocurrido en un producto envasado, para ver si de ese modo lograba comprenderlo. Pero todavía no lo comprendo, y eso que escribir no es más que tomar materia prima de la realidad y convertirla en literatura para hacerla más digerible.
- ¿Os vais a Plaza? - Monorail, monorail, monrail... - ¿Qué vais a comprar? - Monorail, monorail, monorail... - ¿Estáis tontos o qué? - Monorail, monorail, monorail... - ¿Y qué van a hacer los descerebrados? - ¡Los contrataremos como empleados!
¡Corre corre! ¡Vamos a coger el monorail! Mierda... ¡no funciona! ¿A quién se le ocurre instalar un medio de transporte que no se puede utilizar cuando hace mucho viento en la ciudad del cierzo? Mejor vámonos un rato de tiendas y de paso que el pesado del palo y el Everest critique la moda, las tallas, etc. Hagámonos una foto con Marilyn. Una tienda. Otra. Otra. Otra. Vámonos al otro lado. Juguémonos la vida cruzando carreteras peligrosas para llegar; de todas formas yo no quería subir al monorail, vaya chorrada.... (snif). Compremos una tienda de campaña. Mejor unos piratas de niño. ¿Dónde está la calcetinería? ¡Vámonos ya! Éste ha sido un día muy raro... ya nada más puede pasar... Cogemos el autobús y a casica.
Autobusero: ¡Voy a mirar atrás, que parece que algo va mal! Voz popular 1: ¡No me digas que está averiado! Voz popular 2 : ¡A que nos quedamos aquí! Voz popular 3 : Pues yo vuelvo andando... Autobusero: ¿Central? ¡Creo que tengo una avería! Sale mucho humo negro... Voz cizañera 1: ¡Contaminación colórica! Voz popular 4: ¡Qué miedo yo ahí no subo! Voz cizañera 2: ¡La culpa de Zapatero! ¡Que dé más subvenciones! Autobusero: Venga, id subiendo que ya está solucionado... Voces populares: Uy no sé... yo no me fío... ¿Esto es seguro? [Arrancamos] Voz popular 5: ¡Huele a quemado! Voces populares varias: Ay sí... Es verdad... Voz cizañera 3: ¡Decidle a mi madre que la quiero! Autobusero: ¡Bajad todos del autobús! Voz popular 6: Ay madre, qué miedo, ¿qué pasa? Voz cizañera 4: ¡Que va a explotar! Voz popular 7: ¡¿Que va a explotar?! Voz cizañera 4: Que no, que era una broma... que sólo nos cambian de bus...
¿Volveremos a Plaza? Pues claro... Monorail, monorail, monorail...
Esta mañana escuché en el jardín de tu casa Una canción que decía algo parecido a lo que venía pensando mientras tu leías un libro. Y me quede sin palabras porque no tuve ni tengo el valor de decirlo Que me hubiera casado contigo de habérmelo pedido Y luego me he ido y me han venido de golpe las cosas que te hubiera dicho Las cosas que nunca te digo porque siempre me pasa lo mismo